ABUELO


Hombre que muestras cara y frente

con surcos de historia,

manos con ríos de sangre y pulso tembloroso;

tez que se ha vuelto pálida, no está curtida.


Ya no te encorva el arado

son las huellas del largo tiempo vivido.

 sólo instantes en mi compañía.


Ya no escucho tu ronco canto

ni lloro tus gemidos

ya no oigo de tu boca seca 

tus relatos en fluidez.


Ya no suena el silbido del pájaro

de tus agrietados labios

ni tu risa cansada alegra a  los niños.


Ya nadie me consuela

con su quieta presencia

con una viva o atenta mirada

ni tampoco con promesas nuevas .


Nadie, desde que volaste

a tu otro hogar el cielo,

donde  sane el dolor

de tus últimos días en esta tierra.


                                Abuelo, abuelo, abuelo...







Comentarios

Entradas populares de este blog

LA PESADILLA DE ANA.

¿POR QUÉ ESCRIBIMOS?