PARAISOS Del comisario no podía decirse que tuviese muchos momentos como aquel, casi enterrado en su mullido sillón, haciendo un crucigrama: verticales, poéticamente, cielo…ÉTER. Sí, todo bien, le quedaba sólo una horizontal. —A ver, con seis letras, dueño de un burdel—gritó—. Nadie en la casa respondió. Como tantas veces una llamada de comisaría le obligaba a aparcar sus zapatillas y acudir a una urgencia. Según Morales, quien lo reclamaba, un turbio y feo asunto de trata de personas en el mundo de la prostitución. Por sus medios no podía completar la palabra que le faltaba y miró en la solución: CANACA. No tenía ni idea y afloró una pequeña sonrisa por la trampa inocente que acababa de hacerse, pero no le gustaban para nada los finales inconclusos. Cuando llegó a la escena del crimen todo el operativo estaba en marcha,...