UNA FOTO DEL FARO DE LA JUMENT por V. Perales
Desde lo alto del faro, observo como el cielo se oscurece y las olas danzan con furia en el horizonte, las gaviotas juegan con ellas con cierta incertidumbre sobre la superficie espumosa del mar.
Mucho tiempo en esta torre, conviviendo con la soledad de la inmensidad, con tormentas y días serenos de cielo azul, un barco se asoma por el horizonte y otro, por la misma línea se va. La noche es cruel, las gaviotas deben estar en alguna lejana orilla al lado de las olas ya rotas o muertas; oscuros sonidos me llegan desde fuera, oleajes que huelen a tempestades. Escribo, y mientras tomo un café, fumo y en el silencio solo oigo el rugir de un barco a la distancia. Va a puerto. Llegará, a pesar de la tormenta.
Amanece. Sale el sol, pero hace frío. A lo lejos, un sonido extraño me saca de mis rutinas, bajo a la puerta del faro con la esperanza de ver algún barco perdido entre las olas pero mis ojos no alcanzan nada más que a ver una gran ola que se eleva, amenazante, ante mi, ante el faro que, tiembla bajo su impacto. La espuma se eleva como una cortina y siento, por un instante, la inmensidad del océano sobre mí. Tiemblo, como el faro, tiemblo. El rugido del mar se mezcla con el sonido de un helicóptero que aparece por encima de la ola, creando una sinfonía caótica que reverbera en mi pecho. Desde la puerta veo a un hombre en lo alto con una cámara, hace fotos, ¡qué ganas!, pienso.
El pequeño barco, se acerca al faro. Ya he terminado de hacer mi petate, ahora vuelvo a mi Bretaña. El invierno ha sido duro. No será el último. Volveré. Adiós, compañero, que las gaviotas, frailecillos y alcatraces te acompañen.
Abro el buzón de casa. Sólo una revista. En la portada aparece un viejo a la puerta de un faro envuelto en espuma de mar.
V. Perales
Comentarios
Publicar un comentario