PIMKI

 

        Ahora mismo paseo por la ancha acera, pensando con qué frase seguir y cómo lo vas a leer tú, qué tienes estas palabras frente a los ojos.

        Supongo que esperas que haga algo, que te estimule o que te sorprenda, pero es pronto para eso, confórmate con saber que estoy pensando en ti, que preparo algo realmente bueno y que tú, lo vas a disfrutar. Por ejemplo:

      Alzó la vista, arrojo el cigarrillo con fuerza y mientras sigo adelante, veo una mujer con un vestido rojo, zapatos negros de aguja y un bolso a juego entre su mano derecha y el bolsillo de su chaqueta. Viene directa hacia mí, la conozco, es mi ex esposa Sara. En realidad paseo por esta acera porque quiero verla. Todos los días. Igual y distinta, siempre asombrosa, deslumbrante, incapaz de pasar desapercibida. Cuando llega a mi altura me saluda encogiendo los labios,  me lanza un beso y una sonrisa, pero no frena en sus pasos largos y decidido.

        Sara querida, tengo que hablarte. Digo. ¡Por favor para, es importante!.

        Lo siento Arthur, tengo prisa, Pimky me espera y ya sabes cómo es, se pone frenético cuando no estoy. Quizás mañana.

        Pimky es su perrita, una Pomerania con mucho pelo marrón. Un carácter irascible en situación serena y francamente agresivo en todas las demás.

        No sé de tu respeto por los animales lector, pero dos costillas de Pimki tienen mi sello, más bien el de mi zapato, a cambio mi tobillo izquierdo, también tiene huellas, unos puntos cicatriciales blancos y consecutivos. No puedo decir que me arrepienta de este hecho, pero aun así, en el último microsegundo restringí algo la potencia patadil.   

      Yo la idolatraba, la veneraba, la adoraba de veras, pero el día que acudió a casa con Pimki y me preguntó

  -¿No es una preciosidad, querido?

        Supe que era el principio del fin. Teníamos una vida maravillosa, un buen trabajo, una casa espléndida en la ciudad y un pequeño apartamento en la costa de Limousine, una vida social muy conveniente. La veía feliz, por esto yo también lo era, aunque soy de natural taciturno y obsesivo, así que esas cualidades, me impiden unas relaciones profundas y duraderas. Ella sin embargo, vivía plenamente y aunque yo menospreciaba sus escarceos y las desapariciones que a veces protagonizaba, siempre volvía y mis brazos eran su almohadón y su confesionario. Yo la quería y como he dicho antes la mitificaba, pero ese día Pimky, se propasó en su odio y en un instante de extravío, gocé viendo surcar el aire al diminuto diablo peludo. Después de eso demandas,  abogados, súplicas, despidos. En fin, todo terminó en divorcio, con la pérdida de mi estupendo trabajo, las casas y casi todas mis pertenencias, por el contrario, aumenté mi patrimonio emocional con una nueva cualidad: la ansiedad patológica que, a veces, convierto en angustia.

      Esos breves momentos en qué me cruzo con ella en la acera, son como pastillitas qué me devuelven el equilibrio, vuelvo a sentir emociones del pasado. Es como si por dentro, estuviera derramándose un fluido vital que recorre todas mis entrañas. Sin duda, eso debe significar algo, pero yo no tengo la llave para abrir o cerrar ese grifo.   

      Espero ilusionado, el día en que ella se detenga, ponga su mano en mi cara y me escuche. Le diré que no existimos, que somos personajes de pluma, sujetos a la gracia de alguien imprevisible que otorga o deniega, que crea Pimkis o los desaparece, y que cuando se cansa de imaginar episodios es mejor continuar juntos, por toda la eternidad. O sea, gozar de felicidad infinita. Solo así el lector de todo esto, tú, proseguirá tranquilo y sosegado su vida agraciada.

       Mañana, tal vez se detenga, me mire con esos arrebatadores y magnéticos ojos y me diga:

-        Tengo 2 minutos antes de mi clase de pádel, con Horacio, mi entrenador.

       Entonces le diré. Solo espero que cuando me acerque, no lleve a Pimky en sus brazos.

 

                                                       Ángel Rodríguez García


Comentarios

  1. Me encantó tu texto. Bajo mi punto vista muy bien estructurado y descrito. A ver si te animas a algo más largo.

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