PARAISOS
Del comisario no podía decirse que tuviese muchos momentos como aquel, casi enterrado en su mullido sillón, haciendo un crucigrama: verticales, poéticamente, cielo…ÉTER. Sí, todo bien, le quedaba sólo una horizontal.
—A ver, con seis letras, dueño de un burdel—gritó—. Nadie en la casa respondió.
Como tantas veces una llamada de comisaría le obligaba a aparcar sus zapatillas y acudir a una urgencia. Según Morales, quien lo reclamaba, un turbio y feo asunto de trata de personas en el mundo de la prostitución. Por sus medios no podía completar la palabra que le faltaba y miró en la solución: CANACA. No tenía ni idea y afloró una pequeña sonrisa por la trampa inocente que acababa de hacerse, pero no le gustaban para nada los finales inconclusos.
Cuando llegó a la escena del crimen todo el operativo estaba en marcha, cada cual daba novedades y el comisario, Isidro Calpe, preguntaba lo que creía conveniente. Una chica hermosa venida del este de Europa, captada por una red con engaños y a la fuerza para la explotación sexual. Del Edén prometido sólo quedaron las luces de colores de aquel antro donde vivía prisionera. A un cliente encaprichado de su belleza, pasado de alcohol mezclado con alguna otra sustancia, se le fue la mano y de su rostro quedó sólo el recuerdo de algunas fotos que manejaban por allí.
La muerte siempre ahí presente y de forma despiadada en ocasiones, de nuevo una investigación en marcha, controles, fotos, cada uno acude raudo a su tarea y a su puesto, pero sobre todo, allí están ellas, no todos saben que son las primeras en llegar al cadáver, antes que nadie, esas puñeteras moscas que no se sabe dónde se esconden pero allí están las primeras. Papeleo, más papeleo y entrará en juego la diplomacia para repatriar ese cuerpo que nadie sabe cómo entró, ese paraíso imposible que le devuelve a su familia la realidad hecha añicos.
Hasta volver a posarse sobre sus zapatillas pasaron muchas horas, no habían avanzado mucho pero Isidro Calpe tenía plena confianza en resolver el caso, buscó de nuevo el crucigrama inacabado y aquella palabra que se le atravesó, CANACA, era usada de forma despectiva en Chile, la contempla nuestro diccionario pero para él era una auténtica putada, una pequeña trampa. Esperaba de corazón que, para pillar al asesino de la chica rubia de ojos azules, no tuviera que encontrarse con muchas martingalas y marrullerías, porque ya sabemos de su odio a los finales no resueltos.
José A. García Feria.



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